La formación inicial de profesores en las sociedades occidentales está moldeada por una visión mercantil de la educación, que fomenta relaciones basadas en la conveniencia y el interés propio. Como formadores, buscamos promover una ética comunitaria sustentada en la responsabilidad, el compromiso y el cuidado del otro. En este contexto, este artículo analiza cómo dicha ética emerge en una actividad que promueve formas de relación distintas a la lógica del mercado. A partir del análisis dialéctico-materialista de un episodio que involucra a cuatro futuros profesores y un formador resolviendo una tarea sobre equivalencia y orden de fracciones, identificamos opuestos dialécticos que expresan la unidad de rasgos contradictorios de la ética comunitaria. Los resultados muestran que esta ética emergió del modo en que los participantes lidiaron con rasgos como la renuncia de la voz, la exclusión y la falta de empatía.